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ETAPAS Y ALBERGUES |
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EL
CAMINO DE SANTIAGO DE STO. DOMINGO DE
Tras
dejar pasar el Año Santo 2004, (cuando el 25 de Julio, festividad del Apóstol
Santiago, coincide en Domingo) por el elevado número de peregrinos que
saturan los albergues y refugios. Hay que tener en cuenta, que en el año mil
novecientos noventa y tres –Año Santo-, el número ascendió a 99.436
peregrinos, convirtiendo el Camino
en los meses de verano, en una auténtica romería. Al
igual, que el dos mil tres, elegimos las fechas de primavera (meses de abril y
mayo) gracias a su bondad climatológica, unido al elevado número de horas de
luz, y que además, coincide que disponemos de
En
esta ocasión, contamos con la estimada compañía de un nuevo peregrino,
Fernando Martín Bragado, que tras oír hablar del proyecto que tenemos
montado, muestra cierto interés. No está muy convencido del tema; ya que,
andar etapas de En
casa de Fernando, no se lo creen, ¡están desconcertados¡ Conchita, su mujer
¡alucina!, cuando le ve aparecer con su nueva e impecable mochila recién
adquirida, y su cuñado, Miguel Ángel, flipaba, pues siempre ha querido y
propuesto a Fernando emprender el Camino, pero le es imposible, por temas
profesionales, desaparecer tantos días. De
esta manera iniciamos nuestra andadura Javier, Fernando y Pedro el viernes
29/04/05. Enrique, no puede partir
con nosotros, por temas profesionales, y quedamos en vernos en S. Juan de
Ortega (Burgos) si todo acontece como está previsto.
Álvaro, el hijo de Enrique, subió a su padre el día 30/04/05, y se
incorpora al equipo, habiendo faltado a dos etapas (S. Domingo de Es
necesario mencionar, el esfuerzo de Enrique para incorporarse; pues ese sábado,
se metió entre pecho y espalda unos mil kilómetros aproximadamente, desde Ávila
hasta Mérida (Cáceres), vuelta a Ávila, y emprender carretera hasta S. Juan
de Ortega (Burgos). Quedamos
en la estación de ferrocarril a
las 11,00 horas, ya que el tren (Intercity, Madrid-Hendaya) tenía la salida a
las 11,21 horas. Nos acompañaron
en la estación la mujer de Fernando, Conchi, junto con su hija, Beatriz y su
novio Rodri. Oliver, hijo
de Javier, acercó a su padre a la estación.
Tras un par de fotos, besotes y abrazos de despedida, nos vimos en ruta
hacia Burgos.
Estación de Ávila Trascurrido
aproximadamente una media hora de estar en el tren, Javier, se da cuenta que
se dejó olvidada en el estación de Ávila, una pequeña mochila donde
llevaba los bocatas para este primer día.
Llamó a su hijo Oliver para indicarle que se acercara a recoger la
mochila, y éste confirmó, al poco tiempo que efectivamente la mochila estaba
en el mismo banco interior de la estación donde quedó extraviada. Llegamos
a Burgos, a las 13,30 horas, con cinco minutos de retraso, que ya llevaba el
tren cuando salimos de Ávila. Tras
preguntar como dirigirnos desde la estación de ferrocarril a la de autobuses
en Burgos, dimos en acertar con una hospitalera voluntaria, que como iba en
esa dirección nos acompañó andando, por un atajo hasta la misma estación,
en lugar de ir por la rivera del río Arlanzón.
Estuvo muy amable y encantada de nuestra presencia, ya que el Camino
era un tema que conocía y vivía con mucha intensidad.
Nos
sugirió que nos quedáramos en el albergue Parroquial de Grañón, donde por
lo visto no hay literas, se duerme con la esterilla en el suelo, y te dan cena
y desayuno. El párroco, bendice a los peregrinos. El albergue de cuarenta
plazas es gratuito o cobra la voluntad y existe un cepillo donde los
peregrinos entregan un donativo, con un letrero que reza: “deja lo que
puedas, es la comida para el peregrino de mañana, y si lo necesitas... tómalo”.
No lo hemos conocido, porque no entraba en nuestro guión pernoctar en Grañón,
ya que estaba a tan sólo siete kilómetros de Santo Domingo de Una
vez en la estación de autobuses de Burgos (947-288855) nos dirigimos a la
ventanilla de Autobuses Jiménez o Logroza, S.L. (947-266930), que cubre el
trayecto desde Burgos a Zaragoza, pero se encontraba cerrada, en vista de lo
cual, decidimos aprovechar el tiempo muerto para comer unos bocatas y
posteriormente sacar los billetes para Sto. Domingo de Sto.
Domingo de Llegamos
a Sto. Domingo a las 16,10 horas y nos dirigimos rápidamente callejeando
hasta el albergue de peregrinos de
Monumento a Sto. Domingo de
Calzada. Nos
pusimos en marcha a las 16,30 horas, y como los albergues cierran muy
temprano, y teníamos por delante veintitrés largos y calurosos kilómetros,
comenzamos en andar las dos primeras horas muy rápidos, saliendo una media de
seis kilómetros/hora lo que verdaderamente es una barbaridad. Pasando por las
poblaciones de Grañón, Redecilla y Viloria de Rioja, donde nació Santo
Domingo de Llegamos
al albergue privado y sin subvención
de “Cuatro Cantones” a las 20,45 horas. Tras instalarnos en la
segunda planta, bajo cubierta y tras la merecida ducha, cenamos en la
misma cocina del albergue lo que restaba del medio día, junto a un bocadillo
de tortilla francesa con queso que se encargó en un bar de al lado.
Como llegamos los últimos, nos tocó a los tres literas altas, de las
que nadie quiere nunca para sí. Todos
los peregrinos estaban ya metidos en el sobre, y nos quedamos a solas con el
hospitalero, muy amable, al igual que su señora, que nos proporcionó unos
botes de cerveza para pasar el pan. Estuvo preparando el desayuno, calentando
leche y haciendo café, y guardándolo en unos enormes termos, junto con
magdalenas, zumos, pan cortado para untar la margarina, etc. Dormir, dormir,
lo que se dice dormir, no se durmió; ya que, había unas francesas roncadoras
del inserso que nos amenizaron la noche. Desayunamos muy bien en el mismo
albergue y comenzamos un nuevo día. Se dejó de donativo 10 €, y
posteriormente comprobamos que nos quedamos un poco escasos, estábamos aún
fríos en el tema del precio de los albergues, y además, aquí en Cuatro
Cantones (Belorado), nos trataron muy bien. Belorado
a San Juan de Ortega ( Comenzamos
la marcha a las 7,40 horas, el día está despejado y tenemos que ascender el
Alto de
Alto de agua, ya que se inicia la travesía de
más de tres horas, sin posibilidad de encontrar agua. Inspección de plantas
de los pies, y toma de unas barras energéticas. Desde el mismo pueblo se
inicia la ascensión, al comienzo con las rampas y desnivel más pronunciado.
Decidimos dejar que Javier, pase delante y marque un ritmo suave y
constante, pasadas las primeras pendientes el terreno es más cómodo,
atravesando un robledal y tras éste, un monte repoblado de pinos. Muy cerca
de la cumbre se encuentra un monumento en recuerdo a los caídos de
La subida al puerto de
El albergue (947/438016) de 58
plazas más unos cincuenta colchones y esterillas lo administra el párroco y
sus dos hermanas. Conocida es la
fama de austeridad de este albergue y fuerte carácter de las verdaderas
gerentes que son las hermanas del párroco, a las que no les son de mucha
simpatía, los peregrinos de nacionalidad francesa,
que cuentan con fama de tacaños en este albergue gratuito, según
ellas mismas nos indicaron. Tras inscribirnos y mencionar nuestro lugar de
origen, cuna de la mística española, caímos en simpatía con las hermanas
del párroco, que nos invitaron a auto instalarnos y que enseguida pasaban a
encender el gas para que nos pudiéramos duchar. Tras subir un piso de
escalera se entraba en dos grandes salas con numerosos ventanales, donde
estaban las literas con orientación oeste-norte y que hacia un frió que
cortaba la cara. Los servicios con
tres tazas y un par de duchas se quedaban claramente escasos. Tras ducharnos
(hubo gente con anterioridad, que se duchó con agua fría) tocó cura de
ampollas para Javier, en ambos pies a la altura media de los dedos gordos y
para Pedro en la zona plantar del pie izquierdo.
Esa tarde vimos llegar a muchos
peregrinos que llegaban destrozados y el albergue estaba completo.
Curiosamente unos se quedaban y otros se marchaban.
Los que venían solos y en mal estado, y seguramente desde lejos, los
alojaban con esterillas en el suelo. Los más enteros tenían que proseguir
hacia Agés o más allá hasta Atapuerca.
Nosotros ya habíamos reservado litera baja para Enrique.
Que no llegó
El albergue es mejorable en limpieza y sobre todo en los servicios, que
eran escasos en duchas. Se
dejaron de donativo diez euros. S.
Juan de Ortega a Burgos (
Atapuerca (Burgos) El origen de esta ruta cultural se
debe a una sugerencia de S.M. el Rey de España.
Se creó este programa en 1979, con el objetivo de consolidar entre la
juventud de 16 y 17 años los cimientos de En Atapuerca desayunamos bollería con
un gran café con leche. Cogemos agua en la fuente del pueblo y hacemos unas
fotos en un monumento a nuestros antepasados, orientado al este, que consta de
un busto de un troglodita con una placa que reza: “Hace
más de 800.000 años, el hombre ya vio amanecer desde este mismo lugar”. Nada más salir del pueblo el camino se empina para entrar en el monte.
Aquí la pista se bifurca en dos; una para entrar en
campo militar, y otra que lo bordea, dando una gran vuelta y pasando
por la localidad de Villalval. Es
aquí, en este punto, donde Pedro, manda hacer un alto para tirar de la
documentación que llevamos, ya que recordaba, de la lectura del día
anterior, la posibilidad de cruzar la alambrada abierta del campo militar y
continuar por la ruta auténtica y más corta hacía Burgos.
Mientras atravesamos el monte de
encinas no encontramos ni vimos a nadie. Se
pudo comprobar que había nuevas y recientes pintadas de flechas (color
amarillo); así como, cintas de
color amarillo, con letras de Lo más delicado de este paso, es
coger una desviación a la izquierda que inicia el descenso y que solamente
esta marcado con un montón de piedras amontonadas de tamaño Es importante mencionar que las hojas
que llevamos como documentación de la ruta a seguir, corresponde a una guía,
cuya duración va a ser infinita. Ya
que, corresponde a
En esta ocasión, se consiguió de
Sierra de Atapuerca (Burgos). Después de un par de kilómetros se
llega a Orbaneja-Riopico, al poco de rebasar el pueblo se da con el puente
sobre la autopista que indica la proximidad de Burgos.
Tras cruzar la autopista existe la posibilidad de entrar a Burgos por
el Castañar o por Villafría. La
hospitalera que conocimos al llegar del viaje de Ávila a Burgos, nos señaló
que entráramos por los Castañares, camino que se desvía a la izquierda y se
mantiene durante bastante tiempo paralelo a ésta.
Se trata de evitar la entrada a Burgos a través de la carretera
nacional y atravensado los polígonos industriales que han acabado comiéndose
y devorando el Camino, ante la entrada de Burgos.
De todos modos, tampoco la entrada por Castañar es para tirar cohetes,
trascurre por campos abandonados, escombreras y paralela con la carretera.
Desde que tomamos el desvío del Castañar, Javier y Enrique se
adelantaron. Fernando, se quedó acompañando a Pedro, que venía muy mal
debido a las ampollas. Mantuvimos
contacto visual hasta que se nos perdieron, cuando el camino iba paralelo a la
carretera N-120 y marcado por hitos en los cruces de las calles de entrada a
la ciudad. Muy cerca ya de la ciudad, las flechas
amarillas cruzan la carretera de dos carriles en ambos sentidos, mientras que
los hitos y el resto del Camino siguen en línea recta hacia el centro de
Burgos. A Javier y Enrique, no se
les veía ni el polvo, Fernando y
Pedro, lógicamente pensaron que les evitaban la entrada en el centro de
Burgos y les dirigían directamente por la vera del río (avenida del río
Arlazón), con mayor frescura y sombras, hasta el albergue del Parral. Tras contactar en varias ocasiones con
los móviles, para ver dónde nos encontramos cada grupo y tras indicar Javier
y Enrique que están a pie de Catedral, preguntamos a un señor muy amable que
tirando de plano, indicó como callejear hasta el mismo centro.
Dejamos el río, subimos por Lesmes, de origen francés, fundó en
Burgos el monasterio benedictino de San Juan Evangelista, y allí se dedicó a
atender las necesidades de los peregrinos de Santiago.
Su dedicación y cuidado de los enfermos del Camino, hasta su muerte el
año 1097, le mereció ser considerado por Burgos como su santo patrono. Tras rebasar el Arco de S. Juan,
en el mismo centro de Burgos, y callejean hasta dar con Desde
El hospitalero muy educado y de trato agradable enseguida se percató
al sellar las credenciales, de que éstas, eran originarias de este mismo
albergue; debido a que Enrique por motivos profesionales, viaja todas las
semanas hasta esta bella ciudad y de aquí mismo las consiguió para el dos
mil tres, cuando iniciamos este caminar. El
albergue contaba con otra caseta con más literas y otra de uso exclusivo de
cuarto de baño y aseo. Tras comer, regresamos al albergue y
descansamos un rato. El dormitorio
estaba casi vacío y no se oía ni el ruido de una mosca.
A media tarde, Enrique, Fernando y Pedro, decidimos darnos un paseo por
el centro de la ciudad. Nos
acercamos para ver el interior de
Fuimos a cenar al restaurante Miguel, donde habíamos quedado con Javi,
que se hizo de rogar hasta que
apareció. Era
importante su presencia... ¡tenía que pagar!
Javier, se encargó de atender los gastos comunes
y cada dos o tres días, hacíamos las cuentas.
El albergue del Parral consta de 96 plazas (947-460922), pertenece a Desde
Burgos a Hontanas ( Iniciamos la marcha a las 7,30 horas,
rápidamente se sale de Burgos y no encontramos nada abierto donde desayunar.
Se pasa bajo las vías del tren y transcurre por una carretera paralela
al río. Antes de
llegar a Villalbilla, nos rebasó con paso decidido y muy ligero una joven
peregrina que porteaba una pequeña mochila.
Por su propio aspecto, ropa y botas limpias, comentamos que se notaba
que estaba muy fresca y que acaba de iniciar el Camino; o bien, que se estaba
estrenando. En la siguiente etapa
conocimos que acababa de iniciar el Camino en el mismo Burgos. A las 9,30 horas llegamos a Tardajos
donde desayunamos café con magdalenas, menos Javier que pidió un
donnuts. Después del café,
Enrique, pidió un poco de chorizo, y le pusieron una ración, como sobró, se
guardó para otro momento. Javier
estuvo buscando un cajero automático de El Camino prosigue sobre una carretera
comarcal hasta Rabé de las Calzadas, ambos pueblos muy próximos y a vista
uno de otro, entre ambos está el río Urbel que hay que cruzar.
Desde Rabé de
Tras la comida regresamos al albergue para reposar.
A media tarde, ya estaba completo el albergue.
Nos duchamos; para Pedro y Javier, el agua caliente ya se había
acabado. Estuvimos lavando la ropa
(Fernando, Enrique y Pedro) que tendimos en una alambrada de color verde
contigua a la casa. Pedro dejó
las playeras a secar a pie de alambrada y un perro pastor alemán de la casa
de enfrente, que estaba por allí suelto, le dio por jugar con ellas, así que
cuando las recogió, ya estaban bastante deterioradas.
Como había barreños y sal, los tres mencionados con anterioridad,
metimos los píes a remojo en agua con sal para relajar las plantas.
Con anterioridad lo hizo Jordi (joven peregrino catalán, que caminaba
junto a otros dos salmantinos –Agustín y Santiago- , más un brasileño de
nombre Gaspar de sesenta y tantos años).
Como el albergue tenía
cocina, y el pueblo es muy pequeño, le comentamos a la hospitalera dónde podíamos
conseguir comida para cenar, y nos comentó que dependiendo de lo que fuera,
ella misma, lo suministraba. Decididos
a cenar una sabrosísima tortilla española de patatas, acompañada de una
ensalada.
La hospitalera vio como Pedro pelaba y cortaba las patatas, y dijo,
¡éste sabe lo que hace! Enrique
frió las patatas y llegó el gran momento de cuajar la tortilla.
El Maestro, solicitó la manta para
taparse, y entre Fernando y Pedro, a cada lado de Enrique, le cubrimos. ¡ No
podíamos dejar que se plagiara el cuaje !
Pero el asunto no quedó aquí; ya que, había que dar la vuelta a la
tortilla, la hospitalera se ofreció voluntaria, y de nuevo el Gran Maestro,
demostró sus habilidades dando la vuelta a la tortilla y lanzándola hacia
arriba con doble mortal y medio. Para
terminar de rizar el rizo, Pedro, salió a la calle con sartén en mano y el
Maestro, desde dentro, lanzó la tortilla por la ventana, atravesando el muro
y siendo recogida dentro de la
sartén (El agudo lector se habrá
percatado, que este último hecho relatado, no forma parte de la realidad,
pero hay que destacar, que así se pensó en hacer y no se llegó a consumar,
porque la ventana tenía verja e impedía el pase de la tortilla).
La tortilla estaba riquísima y tierna –nota para las parientas-, con
su cebollita, su sal y todo.
Mientras cenábamos entró Agustín de Salamanca, que iba a hacerse una
tortilla simple a la francesa, como nos había sobrado huevos se los dimos,
junto con una lata de atún y allí se sentó con nosotros. Medalla
de Oro, para la hospitalera, que no se cortó ni un pelo y nos siguió el
rollo y el juego hasta el final. Se
lo pasó y disfrutó con nosotros de miedo.
La sobremesa trascurrió sentados en la puerta del albergue, hablando
de las cosas del Camino, con otros peregrinos y la propia Hospitalera., hasta
que sobre las diez apareció su marido a recogerla.
Salimos a las 6,40 horas, ya que se presenta una etapa de muchos kilómetros
(treinta y cinco). Todavía
permanece encendido el alumbrado público. El cielo está totalmente limpio y
despejado. En Hontanas no
encontramos nada abierto donde poder desayunar.
Convento de S. Antón El Camino trascurre por una vereda
zigzagueante dentro de un valle estrecho, hasta que sale
y prosigue por la carretera comarcal sin apenas tráfico hasta el mismo
Trastrojeriz. Después, de
una hora aproximada de camino, y en una curva de la carretera a la derecha,
aparece ante nuestros ojos las ruinas del Convento abandonado de S. Antón.
Es de señalar, que la carretera pasa literalmente por debajo de los
arcos del convento. La
historia y la leyenda hablan de rituales esotéricos de esta orden –fundada
en el siglo XI- que ponía fin a los males de los enfermos que padecían el
fuego de San Antón, enfermedad gangrenosa muy extendida en la época.
La orden se extendió por Centroeuropa y el propio Camino trajo consigo
a los monjes antonianos que fundaron una de sus casas madres en la cercanías
de Castrojeriz. Atendían a los
peregrinos y a quines padecían el fuego de San Antón.
Un peregrino francés recogió en su diario lo que vio a su paso por el
lugar: “Cortan brazos y piernas y los cuelgan a las puertas del hospital”.
El recorrido continúa por la carretera hasta
llegar a la colina donde se encuentra las ruinas del castillo del siglo
VIII, bajo la que se asienta y dio origen a Castrojeriz.
Llegamos a las 8,25 horas. Vamos
buscando algún lugar donde poder desayunar; Pedro, está con antojo y dice
que quiere tostadas, ¡ como Dios manda !
He aquí, que damos con un bar, en la entrada del mismo pueblo, en cuya
pizarra en la misma calle, informa de café con tostadas y mermelada.
Al entrar nos encontramos, que ya estaban allí Jordi con Gaspar, y
posteriormente entraron Santiago y Agustín.
El pan estaba aún caliente. El desayuno fue de lujo.
Enseguida se toma la margen izquierda del Canal de Castilla que te
lleva hasta Frómista. Justo antes
de Fromista están cuatro esclusas necesarias para salvar un desnivel de
El Canal de Castilla constituye una de las mayores obras de ingeniería
de su época. Se inicio su
construcción en el 1753 y duró casi un siglo, debido a la envergadura de las
obras, a una mala gestión económica por parte del Estado, guerras...
La aparición del ferrocarril poco a poco fue desplazando en
importancia al canal, que acabó cerrándose al tráfico en 1959.
Recorre un total de En este último tramo de la etapa,
desde Boadilla hasta Frómista, Enrique se quedó rezagado y entabló amistad
con una conocida peregrina de vista, que a la salida Burgos nos rebasó.
Se trata de Clara, joven caminante de veinticuatro años y nacionalidad
australiana que reside en Inglaterra.
Tiene el mismo nivel de español que nosotros de inglés; ósea, ¡nada
de nada!. Se hace entender
mediante un pequeño diccionario y camina sola.
Enrique, viene tocado, y este último tramo se le hace bastante
agradable y entretenido gracias a la joven y guapa compañía.
Entramos en Frómista a las 14,30 horas.
El responsable del albergue es el Ayuntamiento y dispone de 55 plazas.
Es una vivienda de dos plantas con un amplio patio a la entrada.
En la planta baja cuenta con zonas comunes: recepción, comedor y
cocina privada del albergue. En el
hospedaje hay posibilidad de incluir el desayuno en la salida, a la que nos
apuntamos. Los dormitorios se encuentran divididos en tres o cuatro estancias
con literas y algunas camas bajas. Los servicios y duchas están divididos en
ambos géneros. Está limpio y la
hospitalera es cordial y amable. Nos
instalan en una esquina del edificio y la estancia o habitación hace de
pasillo a otra habitación contigua. Como
se trata de una esquina, contamos con dos amplios ventanales, un par de sillas
y hasta una percha de pared. –Todo un lujazo-. La habitación cuenta con
tres cuerpos de literas doble y una cama baja. Fernando, es afortunado y se
acopla en una cama normal de 80 ctms., Javier
y Pedro literas bajas. La
hospitalera nos indicó que dejáramos libre, al menos una litera baja, por si
entraba algún peregrino de edad avanzada, como Fernando, que no pudiera
trepar hasta la litera alta. Hecho
que comentamos a Enrique, cuando entró en la habitación, pues sólo quedaba
una litera baja libre, pero claro, no se lo creyó, pensando que era broma y
cogió la parte baja. Como ya era muy tarde nos fuimos
directamente a comer. Nos acompañó Clara y posteriormente se unió Carlos,
viejo peregrino, jubilado, que ya había hecho el Camino en varias ocasiones,
daba aspecto de estar relacionado con el clero, podía pertenecer
perfectamente al Opus Dei. De
trato refinado y educado, con amplio nivel cultural, que hablaba perfectamente
inglés. Llevaba colgada del
pecho, de un cordón rojo, la concha o vieira, emblema del Camino de Santiago.
Nos recomendaron un restaurante situado enfrente al albergue, pero estaba
completo. Un poco más alejado hay
un bar cafetería con carta de menús y platos combinados.
No había nadie comiendo. Nos
sentamos, tras preguntar si nos podían dar de comer.
Sirvió unas ensaladas mixtas de tamaño descomunal; así como, los
filetes con patatas fritas, de segundo. Fruta de postre y cafés.
Conversamos con una par de chavalas que comieron en mesa contigua a las
nuestras. Para perpetuar el
recuerdo, les pedimos que nos
hicieran unas fotos, Tras la
sobremesa nos fuimos al albergue para descansar un rato.
Esa costumbre tan española que hemos exportado, y que antiguamente tenía
tan mala prensa y ahora resulta, que los entendidos dicen que es divina: “
Al regresar al albergue, la habitación se había llenado con un par de
jóvenes peregrinas de nacionalidad holandesa, que no hablan ni jota de español.
A media tarde, nos aseamos y curamos nuestras ampollas, en esto, llegó Clara,
para lo mismo. Pedro, el galeno de
la expedición, le dijo que se tumbara sobre su cama y sentando en la silla,
procedió a pinchar y parchear ampollas. La
chica tenía ambos pies hechos una auténtica pena.
Ampollas sobre dedos, zona plantar, talones y en los lados exteriores
de los pies. Fernando y Javier,
desde sus respectivas camas observaban el espectáculo.
Enrique, ayudaba a desinfectar con yodo las ampollas.
El proceso de pinchar la ampolla no duele nada; ya que, se pincha en
hueco entre la piel y la carne. Pero
el yodo escuece al entrar en contacto con el cuerpo.
Así pues, y para que la chica se relajara con el escozor del yodo,
Pedro, aprovechó para culturizar a la niña y enseñarle palabras, de este
nuestro rico idioma. Le dijo que
cada vez que le picara, dijera: ¡Coño!, ¡Coño, Coño, Coño!,
entre coño y coño consiguió superar la dura prueba.
Clara, no sabía lo que decía, pero terminó diciendo y pronunciando
el vocablo en un perfecto español, que muchos extranjeros quisieran para sí.
También, hubo que ponerla un opsite –segunda piel- en la cintura
izquierda que le había producido el roce de una cinta de la mochila.
Fernando, intento perpetuar la cura con una fotografía, pero Clara,
negó con un gesto de la cabeza. En
mitad de la faena, entró en el cuarto Carlos, que dormía en la habitación
contigua en cama normal. Pedro, aprovechó para decirle que le explicara en
inglés a Clara, el significado del taco ¡coño!, tan utilizado por los españoles.
Carlos, quedó muy sorprendido, y contestó diciendo: ¡ que menudas
cosas enseñábamos a la chica !, ¡ Qué sería mejor, enseñarla el Ave María
!. Como podéis
imaginar, no la explicó el significado de la palabrota.
También, se le dijo que la comentará
que tenía que disminuir el ritmo de marcha, tal como se encontraba de
los pies. A esto último, si
accedió. Entre ¡coño y coño!, ¡estate
quieta! y ¡no te muevas!, se nos fue una hora y media.
Iglesia de S. Martín (Frómista) Durante la cena
conversamos con un par de peregrinas vascas, y una peregrina brasileña de
unos cuarenta y ocho a cincuenta años, prejubilada de la administración,
que nos regalo media botella de vino de rioja.
Enrique, estuvo tomando queso y le vino de perlas.
Le comentó, que se había bebido ella sola, casi la totalidad de la
botella, y ella contestó, que era su técnica para descansar y dormir bien.
La guía de Aguilar realiza la etapa de Frómista hasta Carrión de los
Condes con sólo
A la salida del pueblo se pasa sobre el río Carrión, y un poco más
adelante, a la izquierda, queda el monasterio de San Zolio, del siglo X.
Tras cruzar la carretera de Palencia a Saldaña, se sigue en línea
recta durante cinco kilómetros, por la estrecha carretera de Villotilla, sin
apenas tráfico. Enrique, en este
tramo, camina a su paso, nosotros, un poco delante.
Tras terminar la carreterilla, se continúa de frente y hacia el oeste.
Restan doce kilómetros interminables, por una pista forestal
descarnada. No hay
referencias, todo es recto y monótono.
Hace un calor bochornoso insoportable.
No es de extrañar, que algunas guías marquen como una etapa, éstos
diecisiete kilómetros. Hay tanta
piedra suelta, que pises, donde pises, siempre se termina clavando la dichosa
piedrecilla, en el lugar donde tienes las heridas y ampollas.
No sabes realmente donde te encuentras, si falta mucho o poco.
Aprovechamos una sombra que proporcionan un par de árboles, a la
derecha en una fuente no potable para tomarnos el bocadillo.
Estando comiendo, pasaron primero, Santiago, Agustín y Jordi, y después,
Enrique viene acompañado de la peregrina brasileña, que nos regalo el vino,
en la cena. Enrique, sin
llegar a parar, nos comenta, que prefiere continuar, que si para, luego no
echa en andar.
Tras el bocata, continuamos. Pero,
cuesta empezar de nuevo. Hay
grandes manchas de nubes negras que amenazan con jorobarnos un poco.
Sobre la mitad del trayecto y habiendo rebasado un par de naves o
carrales, comienza a llover. Aguantamos
un poco, ya que, el cielo no está cerrado, es sólo una nube negra que
tenemos encima, además no hay nada, ningún sitio donde resguardarnos.
Como la lluvia no deja de caer y mojarnos, Fernando y Pedro,
aprovechamos que hay una pequeña área de descanso, con unas mesas circulares
de cemento., para apoyar la mochila y sacar, en unos segundos, los
chubasqueros para nosotros y la mochila.
Javier, saca el paraguas y se lo acopla entre las cintas de la mochila,
de tal manera, que camina sin llevarlo cogido de la mano...
¡ todo un alarde de de auténtica
chulería !. El cielo
continua abierto, el asunto, parece que es, para poco tiempo.
Seguimos andando y mirando a la nubecita, que nos ha tomado cariño y
viaja con nosotros en el mismo sentido y dirección.
Comienza a divisarse en el infinito y a la derecha, lo que parece ser
una torre. Se va
definiendo, poco a poco, la torre, pero no se ve el resto de
De Carrión a Calzadilla de
Como es muy tarde, nos tocan a los
cuatro, literas altas. El
albergue es privado con 94 plazas divididas en dos plantas.
Carece de cocina, y tiene una piscina, que en verano, vendrá muy bien.
El tiempo ha refrescado y hace mucho aire.
En el pueblo no hay nada, salvo el albergue Desde
Calzadilla de |